Proverbios 5

La cultura y las religiones cristianas han deformado el cristianismo bíblico en muchos aspectos. Uno de ellos es la sexualidad humana. Casi todo el mundo piensa que la Biblia es represora del sexo. Por supuesto que no! Fue la concepción griega introducida como elemento extraño en el pensamiento cristiano la que llevó a la Iglesia a conclusiones ajenas a la Palabra de Dios, entre ellas aquella que decía que la práctica del sexo solo estaría justificada si hubiera intención de procreación. ¡Qué estupidez! En las páginas de la Biblia descubrimos la intención de Dios en cuanto a la sexualidad humana y la podríamos condensar en dos palabras, disfrute y fidelidad.

Delicado erotismo (15-19)

Comenzamos por la parte positiva del texto. Dos preciosas metáforas delicadas y gráficas. La cisterna y el pozo son elementos de bendición y vida en tierras de Oriente Próximo, alusivos a la sexualidad femenina. Pertenecen al esposo, no porque sea propietario de su mujer sino porque le corresponden como don; ni necesita ni le corresponde salir a buscar sexo fuera de casa, fuera de su propio hogar. Fuentes y aguas complementan la metáfora anterior para referirse a la sexualidad masculina. Sin duda hay una alusión velada y poética referida a la eyaculación del varón, pero la expresión apunta claramente otra vez al hecho de que la sexualidad se desarrolle de forma exclusiva entre el esposo y la esposa. Es una explosión de vida (fuentes y aguas en el texto) que han de disfrutar como pareja. Ni ha de buscarse otra relación fuera, ni extraños pueden entrar en ella; el sexo ideado por Dios lleva el condicionante de la intimidad. El mejor antídoto contra la infidelidad es la fidelidad activa. La fidelidad en el plan de Dios es mucho más que una barrera, una limitación.

¿Y cuando llega la vejez?

A los hombres les gustan las mujeres jóvenes y a las mujeres los hombres jóvenes. Hay un peligro evidente en que cuando lleguen las “arrugas” el marido sea tentado a ir en busca de alguna mujer más joven, o viceversa, aunque no lo diga el texto. Los programas de cotilleo lo saben muy bien. ¿Cómo no sucumbir a la tentación? El consejo no puede ser más elocuente, la esposa nunca deja de ser «la mujer de tu juventud»; y lo mismo podríamos decir del esposo  La sexualidad es especialmente apasionada en la juventud, pero ello no quiere decir que no haya una evolución en la manifestación de la sexualidad durante una larga vida de matrimonio. Cuando los amantes han envejecido juntos, han llorado, han reído, han disfrutado del sexo, cuando uno mira al otro es imposible despojarle de lo que ha sido y ver solo lo que es. Eso también forma parte de la bendición de Dios, de la que desgraciadamente en los tiempos que nos toca vivir cada vez lo disfrutan menos personas.

No tiene sentido (20-23)

Después de la advertencia del sabio viene la pregunta retórica que lleva a la reflexión. “¿Y por qué andarás ciego con la mujer ajena…?” La misma pregunta ya aporta un motivo para estar en guardia. Sólo quien esté ciego por la pasión desordenada puede cambiarla por la experiencia del amor bendecido.

¡Atención, atención! (1-2)

Y saltamos ahora al comienzo de nuestro capítulo. Son muchas las veces que Proverbios nos exhorta a escuchar atentamente y a guardar los consejos que nos van a conducir con éxito en la vida. En este caso hay una causa muy concreta; se trata de advertirte a ti, joven, sobre un peligro que no se manifiesta como tal. ¿Qué hay de malo en aprovechar los años de mayor vigor en la vida para disfrutar del sexo? ¿Por qué reprimirse? ¿Por qué desperdiciar las gratificantes oportunidades que se presentan en la juventud? Nuestra sociedad ha cosificado el sexo, lo ha banalizado, lo trata como mera fuente de placer de naturaleza biológica. Ante las preguntas anteriores, la mayoría de las personas responderían: no hay razón para reprimirse; si dos personas están de acuerdo para practicar el sexo no hay ningún problema ético. La advertencia que da la Palabra de Dios es la que daría a alguien a punto de caer en una trampa.

Deleite temporal a qué precio (3-6)

La palabra traducida por «extraña» puede designar «extranjera», pero por el contexto puede ser «la mujer de otro» o, sencillamente una adúltera o una prostituta. Da igual; lo importante es que es extraña. ¿Sabes que nuestra palabra “adulterio” procede del latín, “ad alter”, hacia lo otro, hacia lo extraño, hacia lo que no corresponde? No niega el sabio la dulzura y la suavidad del beso de la extraña. Curiosamente emplea la misma expresión que para describir la experiencia de amor con la legítima esposa: «Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; miel y leche hay debajo de tu lengua» (Can.4:11). Pero entre lo bendecido por Dios y lo que por nuestro bien nos prohíbe hay consecuencias absolutamente opuestas. A un principio de miel se opone un final amargo, de ajenjo, un camino que conduce a la muerte.

Aviso a navegantes (7-14)

Con la misma fuerza empleada para convencer al discípulo sobre la importancia de abrazar la sabiduría, el sabio ahora clama con un enfático ¡aléjate de la extraña!, porque las consecuencias de la sexualidad fuera del marco divino pueden ser muy graves. Hay pérdidas importantes: la mancha en la propia honra, con todo lo que ello implica hacia nuestra propia autoestima; el tiempo que se invierte en una unión ilícita y pasajera, y por tanto tiempo perdido en la edificación de la propia familia; las fuerzas, en este caso improductivas por ser gastadas en pasiones pasajeras, como es típico de las personas de vida desordenada y, por último, la pérdida del fruto del trabajo. Todo ello sin contar las posibles venganzas de una pareja engañada. Añadámosle las posibles enfermedades, que siguen siendo un problema sanitario muy importante, y completamos el cuadro: un pobre hombre gimiendo (rugiendo, literalmente) a quien se le ha ido la vida de las manos y se lamenta de no haber seguido el consejo de doña Sabiduría (11-12).

Sobra decir que si Proverbios se hubiera escrito en nuestro siglo, tales recomendaciones no solo irían hacia los jóvenes varones. La llamada “revolución sexual” que se produjo a finales de los sesenta ha producido un antes y un después en la actitud de chicos y chicas respecto al sexo. Desgraciadamente desde entonces todas las generaciones lo estamos pagando y paradójicamente la insatisfacción es una de las consecuencias.