Los profetas menores del antiguo testamento a veces fueron rebeldes, como Jonás, o fueron usados ocasionalmente como Amós. Dios siempre esta buscando la reconciliación con Israel, pidiendo el arrepentimiento de sus pecados y advirtiendo sobre las consecuencias de no hacerlo. Al leer estos libros notaran que Dios siempre ofrece una salida para los justos y consuelo para los que regresan a Él.

Oseas

Este es el primero de los libros proféticos menores. Se les llama menores, no porque lo sean en importancia, sino en relación a la cantidad de contenido. En este sentido están en contraste con los escritos de los profetas mayores. En 2 Reyes 14:23-15:31 vemos los antecedentes históricos del libro.
Autor: Oseas. Éste fue un profeta del reino del norte (las 10 tribus). Profetizó al mismo tiempo que Amós en Israel e Isaías y Miqueas en Judá. Su ministerio profético, que duró unos sesenta años, es el de más larga duración de todos los profetas.
Época: Los acontecimientos históricos referidos en el libro de Oseas abarcan un período de sesenta años. Desde 785 hasta el cautiverio de las diez tribus.
Tema: El libro de Oseas es una gran exhortación al arrepentimiento dirigida a las diez tribus durante los 60 años antes de su cautiverio. La copa de iniquidad de ellos había estado llenándose rápidamente. Los reyes y sacerdotes idólatras habían desviado
al pueblo de la adoración al Señor. Cuando estaban con dificultades iban a pedir auxilio a Egipto o a Asiria, con ello imitaban la vileza moral de los cananeos. Vivían en una seguridad descuidada, interrumpida solo por un arrepentimiento fingido, pero lo peor es que se habían olvidado de Dios y su Palabra. Estos pecados cometidos por causa de la ruptura de la comunión con Dios son catalogados por el profeta como adulterio espiritual, y lo ilustra en su propia experiencia casándose con una mujer impura la cual lo abandona por otro amante. El pecado de Israel es más grave que el de las naciones que la rodean. Los pecados de las naciones son producidos por personas que no han tenido relación con Dios. El de Israel es de infidelidad a un esposo, Dios, quien les rescató de las garras de Egipto, les proveyó de lo necesario, y con quien hicieron votos de fidelidad y obediencia en el monte Sinaí.
Pero en lugar de dar muerte a esa esposa adúltera, tal y como lo dice la ley, el Señor les manifiesta un amor que está por encima de lo humano, y la vuelve a recibir consigo.

Joel

Autor: Joel. Poco se sabe acerca de Joel. Se cree que profetizó durante el reinado de Joás, rey de Judá (2 Reyes 12).
Tema: Lo que motivó la profecía de Joel fue una plaga de langostas que devastó la tierra, destruyendo cosechas y trayendo una gran hambruna. El profeta ve en esa calamidad un severo juicio del Señor y una aplicación profética sobre el final de los tiempos (1:15). Como muchos de los demás profetas Joel predice el futuro a la luz de los hechos del presente, considerando estos como un tipo de lo que en el futuro va a acontecer. De forma que él ve en la invasión de las langostas un tipo de invasión: la invasión que pronto habría de venir del ejército asirio (2:1-27; Isaías 36,37). Mirando aún más lejos, en el futuro, Joel ve esto mismo como tipo de la invasión final de Palestina por los ejércitos del anticristo. Tomando el día del Señor como el pensamiento central de la profecía de Joel podríamos resumir así el tema de este libro: El día del Señor, visto en tres etapas. Como inmediata (en la invasión de la  langosta), como inminente (por la invasión de los asirios ) y como futura (en la invasión final).

Amós

Autor: Amós. Era oriundo de Tecoa, como a diez Km. al sur de Belén. Estaba habitado en su mayoría por pastores. Amós era uno de ellos y también era recogedor de higos silvestres. No había sido ordenado oficialmente como profeta, ni había asistido a la escuela de los profetas. Su motivo para profetizar fue el llamamiento divino (7:14-15). Su ministerio se desarrollo entre las diez tribus, aunque también profetizó para el reino de Judá y los países que le rodeaban.
Época: Profetizó durante los reinados de Uzías, rey de Judá (2 Crónicas 26), y de Jeroboám II, rey de Israel (2 Reyes 14:23-29). Alrededor de 70 años antes del cautiverio de las diez tribus.
Tema: El mensaje de Amós es el juicio que vendría y la restauración que seguiría. Podemos observar que hay mucha igualdad en las profecías de muchos de los profetas. Esto es motivado por el hecho de que había una causa común que producía sus mensajes, el pecado nacional; por ello la mayoría de los mensajes proféticos eran de condena y reprensión; pero a la vez que daban ese tipo de mensaje para la nación en su conjunto, tenían también uno de consuelo y restauración para el remanente fiel.
Amós ve el pecado de Israel como mucho más grave que el de las naciones vecinas, por haber éste despreciado los grandes  privilegios que el Señor le otorgaba como su pueblo y de los que carecían ellas. Su pecado era mayor y también lo sería su
castigo. Podríamos resumir el libro de Amós de la siguiente manera: la exposición de los pecados de un pueblo privilegiado que no supo responder a tan alto privilegio, y por consiguiente trajo sobre sí los juicios de Dios de acuerdo a la luz que había recibido.

Abdías

Autor: No se sabe absolutamente nada acerca de Abdías. Hay muchos con ese nombre mencionados en el Antiguo Testamento.
Época: Los versículos 10-14 indican que este libro se escribió después de la destrucción de Jerusalém.
Tema: El tema de este libro puede verse claramente en una primera lectura del libro: el pecado de Edom, que consiste en la violencia que desató contra Judá recibiendo como castigo su extinción como nación. Los idumeos eran descendientes de Esaú mientras que los israelitas lo eran de Jacob. El antagonismo entre ellos queda patente en todo el Antiguo testamento. En Génesis
vemos una declaración sencilla y a su vez contundente: “y dos hijos luchaban dentro de ella” (Génesis 25:22). El antagonismo se originó en el seno de la familia y continuó cuando los descendientes de Esaú y de Jacob se convirtieron en dos naciones. Los idumeos eran un pueblo orgulloso, que con amargura y resentimiento siempre buscaban la oportunidad de perjudicar a los descendientes de Jacob (Israel). Israel y Edom estaban en una guerra constante. Cuando Nabucodonosor tomó Jerusalén, Edom se regocijó de su caída y cruelmente participó en su saqueo y destrozo (Salmo 137:7). En tiempos pasados Dios había ordenado a su pueblo que tratase bien a Edom (Deuteronomio 23:7), pero ahora debido a su conducta atroz había hecho rebosar su copa de iniquidad y fue sentenciado a ser aniquilado. Después de la restauración de Israel, Ciro, rey de Persia, los venció dando muerte a millares de ellos.
Por la historia sabemos que recibieron otra derrota terrible por los judíos bajo la guía de los Macabeos, en 109 a.C. El antagonismo entre Edom y Judá siguió existiendo aún en la época de Cristo. Jesucristo era judío, descendiente de Jacob. Herodes era idumeo, descendiente de Esaú. El Señor nunca dirigió la palabra a Herodes (Mt. 14:6-9, Lc. 23:9). Después del asedio a Jerusalén por las tropas romanas, año 70 d.C., los idumeos no aparecen más en la historia.

Jonás

Autor: Jonás, galileo, de Gat-efer. Los fariseos en tiempo de Cristo, pasaron por alto esto, cuando dijeron al Señor que ningún profeta había venido nunca de Galilea (Jn 7:52). Ministró a las diez tribus durante el reinado de Jeroboám II, y profetizó con respecto a la restauración de ciertos territorios israelitas (2 Reyes 14:25-27). Cuando Eliseo terminó su ministerio, comenzó el suyo. Jesucristo mismo dio testimonio de la existencia de Jonás, de su “suerte” milagrosa y de su oficio profético.
Época: Jonás ejerció su servicio a Dios durante el reinado de Jeroboám II.
Tema: El libro de Jonás es peculiar entre los profetas en el sentido de que no contiene un mensaje directo a Israel, ya que su mensaje se dirige a los ninivitas. Aun cuando no se declara directamente, hay una gran lección para la nación judía, a saber: que
Dios no es sólo Dios de los judíos, sino también de los gentiles y que era el deber de su pueblo escogido (que no cumplió) llevarles el mensaje de salvación y la luz de la revelación de Dios. El libro de Jonás es también una reprensión por el exclusivismo que los judíos practicaban manteniéndose a distancia de los gentiles y considerándose superiores a ellos. Por la labor del profeta de predicar a los gentiles, al libro de Jonás se le llama también “El libro misionero del Antiguo Testamento”.
Podríamos hacer un resumen de la siguiente manera: “Dios muestra su amor a los gentiles al enviarles un profeta que les llame al arrepentimiento”.

Miqueas

Autor: Miqueas. Nació en Moreset, una aldea como a treinta kilómetros al suroeste de Jerusalém. Era un profeta nacido en un lugar rural (ningún profeta dijo haber nacido en Jerusalém, aunque sí era la ciudad donde la mayoría de ellos testificaron y murieron. Jerusalém mataba a los profetas, pero no los enviaba. Normalmente eran enviados por el Señor desde regiones montañosas y aldeas campesinas. Miqueas profetizó durante los reinados de Pekaía, Peka y Oseas, sobre Israel (las 10 tribus), y Jotám, Acab, Y Ezequías sobre Judá (2 Reyes 15:23-30). El mensaje de Miqueas fue tanto para el reino de Judá como para Israel, profetizando el cautiverio de los dos. Hizo su obra principal durante el reinado de Ezequías, quien fue profundamente impresionado por sus profecías (Jeremías 26:18-19). Su profecía sobre la destrucción de Jerusalém contribuyó a salvar la vida de Jeremías, cuando se le iba a dar muerte por haber hecho éste una predicción similar (Jeremías 26:10-19).
Tema: Miqueas profetizó en la misma época que Isaías, con quien, probablemente tuvo contacto, ya que hay un significativo parecido en las profecías de ambos. Por ejemplo comparar Isaías 2:14 con Miqueas 4:1-5. Al igual que con Isaías sus profecías pueden dividirse en varios grupos: de denuncia (capítulos 1-3) y de consuelo (capítulos 4-7). En la primera división el profeta nos
presenta el cuadro de una nación pecaminosa y condenada al cautiverio. En la segunda la de un pueblo redimido disfrutando de las bendiciones de Dios en el milenio. En la primera vemos también a Israel mal dirigido y dañado por los falsos gobernantes. En la segunda presenta al pueblo restaurado por el Mesías, el Hijo de David, el perfecto y auténtico gobernante. Podríamos resumir el libro de la siguiente manera: el pueblo de Dios destruido por los malos líderes y salvado por el líder por excelencia, Cristo.

Habacuc

Autor: Prácticamente no se sabe nada a ciencia cierta sobre quién fue el autor del libro; tampoco sobre el personaje central, Habacuc, excepto lo que algunas tradiciones dicen, que dicho sea de paso no están muy de acuerdo entre sí. Por 3:1,19 se cree que era levita y participaba de la música en el Templo. Como Nahúm predijo la destrucción de la nación asiria y Abdías de los idumeos, así Habacuc profetizó la caída del imperio caldeo.
Época: Se cree que Habacuc profetizó durante los reinados de Joacaz y Joacím.
Tema: Este libro presenta el cuadro de un hombre de Dios perplejo por el problema de la “aparente” tolerancia del Señor por la iniquidad. El profeta está rodeado por todas partes de una iniquidad desmadrada que no recibe castigo. Al parecer, al principio Dios no escucha su clamor para realizar su juicio. Cuando al fin su oración es contestada y se produce el juicio de Dios queda aún más perplejo porque la herramienta que Dios usa, los caldeos, es todavía más impía y más merecedora de castigo que las víctimas. El profeta está lleno de dudas y de preguntas, pero afortunadamente lleva sus perplejidades al Señor quien pronto las disipa y presenta una solución a su problema, resumida en una declaración que constituye el corazón de este libro: el justo vivirá por fe (2:4). Es decir, no importa cuán oscuro se vea el porvenir y cuán triunfante aparezca el mal, el hombre justo no debe juzgar según las apariencias, sino según la Palabra de Dios. Aunque los impíos vivan y prosperen en sus iniquidades y los justos sufran, estos últimos deben vivir una vida de gozo y confianza en el Señor. El profeta aprendió bien esta lección, pues aunque su profecía comienza con misterio, dudas y preguntas, termina con certeza y un fuerte asentamiento en la fe. Podríamos resumir el tema de la siguiente manera: el triunfo de la fe.

Sofonías

Autor: Sofonías. Contrario al uso común, Sofonías traza su descendencia hasta su bisabuelo, Ezequías. Algunos creen que este hecho indica que descendía del rey Ezequías o que era de descendencia noble.
Tema: La frecuente repetición de la frase “el día del Señor” sugiere que Sofonías tenía un mensaje de juicio, pero igual que la mayoría de los profetas también de restauración. Se ha dicho que la profecía de Sofonías es peculiarmente árida. No hay vida, ni flor, ni fruta, ni… ninguna de las maravillas de la naturaleza. No hay otra cosa que un mundo barrido por un torbellino. Si esto es así ¿cuál sería la razón de ello? Veamos el contexto de esto. Los hombres, asentados en sus lujos y poderío, niegan la intervención
divina. Una ciudad que no obedecía la voz de Dios, ni aceptó corrección, ni confió en Él. Los hombres y las mujeres se habían vuelto materialistas, solo preocupados por ellos mismos. Los gobernantes, príncipes, jueces, profetas y sacerdotes igualmente corrompidos. La situación podríamos describirla en una sola palabra: Caótica. Entonces ¿cómo definiríamos a la luz de lo expuesto “el día del Señor”? El día del juicio de Dios. El último cuadro de este libro nos muestra al Señor entronizado. Es el comienzo de un nuevo orden. Cánticos en vez de tristeza; servicio en vez de egoísmo; solidaridad en lugar de esparcimiento. Resumiremos el tema de la siguiente manera: la noche del juicio sobre Israel y las naciones seguida por la mañana de la restauración del primero y la conversión de las naciones.

Hageo

Autor: Hageo. Es poco lo que se sabe de la historia personal de Hageo, “el profeta del segundo templo” excepto que profetizó después del cautiverio y que su misión era animar al pueblo en la reconstrucción del templo. La obra de Hageo fue muy importante. Es el primero de los profetas conocidos como los profetas postexílicos, es decir, que profetizaron después del cautiverio. Zacarías y
Malaquías son los otros dos. El Señor lo usó para despertar la conciencia y estimular el entusiasmo de sus compatriotas en la reconstrucción del templo. Ningún profeta apareció en un momento tan crítico de la historia del pueblo, y, podemos decir que
ninguno tuvo tanto éxito.
Época: Hageo desarrolló su ministerio durante la construcción del segundo templo.
Tema: Bajo el favorable decreto de Ciro, el remanente judío volvió a su tierra bajo la dirección de Zorobabel, su gobernador, y Josué, el sumo sacerdote. Después de establecerse en la tierra el pueblo levantó un altar de holocaustos en el lugar donde se hallaba el templo. Dos años más tarde y en medio de un gran regocijo, se echaron los cimientos de éste. Pronto su regocijo se volvió tristeza porque, por causa de los hostiles esfuerzos de los samaritanos, se ordenó mediante un decreto imperial que se suspendiera la obra. Por espacio de dieciséis años el templo permaneció sin terminarse, hasta el reinado de Darío, quien publicó un decreto permitiendo su terminación. Mientras tanto el pueblo se había vuelto indiferente y egoísta, y en vez de construir el templo estaban ocupados en embellecer su propia casa. Como resultado de esta negligencia fueron castigados con sequía y esterilidad. El que se preguntasen
el por qué de estas desgracias, dio a Hageo la ocasión para su mensaje, declarándoles que la indiferencia y su propio egoísmo, en relación a las necesidades del templo, eran las causas de sus infortunios. Podríamos resumir el tema del libro diciendo que el descuido en la terminación del templo dio lugar al castigo divino. Por el contrario la terminación de éste produjo la bendición de Dios y promesas de gloria futura.

Zacarías

Autor: Zacarías. Este profeta, posiblemente, nació en Babilonia. Comenzó su ministerio cuando aún era un joven (2:4) y empezó a profetizar un poco después que Hageo, siendo su compañero. Su ministerio consistía en inspirar el fervor debilitado del pueblo y animarlo a quitar la mirada del oscuro presente y ponerla en el brillante futuro que vendría.
Época: El antecedente histórico de la profecía de Zacarías es el mismo que el de Hageo. Ambos profetas ejercieron su ministerio en el mismo período, durante la construcción del segundo templo, y la misión de ambos era parecida.
Tema: La labor de Zacarías era animar al remanente judío mediante la promesa de éxito actual y gloria futura, que estaba desalentado por las aflicciones y desganado en lo que a terminar la construcción del templo se refiere. En una época había sido
una nación libre, teniendo rey y constitución, pero ahora había regresado a su tierra bajo el mandato de un gobierno extranjero, a un país sin ley y despojado de todo poder. Su situación actual presentaba un cuadro oscuro, pero Zacarías hizo que esta situación apareciera como telón de fondo de una obra gloriosa, mientras él, mediante una serie de visiones y profecías describe una Jerusalén restaurada, protegida y habitada por el Mesías, y como capital de una nación elevada por encima de todas las demás. Al margen de las promesas de gloria futura, el profeta dio promesas de éxito porque aseguraba al remanente que el templo sería construido a pesar de la oposición. Pero Zacarías no podía ofrecer un aliento permanente, sino en base a la promesa del Mesías, el futuro rey de Israel y libertador de su pueblo. En realidad la experiencia actual de Israel no es más que una figura de una realidad en el futuro. Igual que Israel fue purificado del pecado de la idolatría mediante el cautiverio babilónico, así será igualmente purificado mediante el sufrimiento de la gran tribulación por haber rechazado a su Mesías y Rey (13:8,9-12:10-13:1). Resumiremos así el tema: un estímulo a la nación para servir fielmente a su Dios a través de la aflicción actual, con mira a las glorias futuras en tiempo en que sea establecido el Mesías, Cristo.

Malaquías

Autor: No se sabe con certeza quién fue el autor de este libro. Unos creen que fue Malaquías y otros piensan que no. Nada se sabe de la historia de este profeta. Se cree que profetizó durante la época de Nehemías y le respaldó, así como Hageo y Zacarías hicieron con Zorobabel (Esdras). El libro de Malaquías se adapta como anillo al dedo a la situación en que Nehemías ejercía su llamado. El profeta denunció los mismos males que Nehemías (compárese Nehemías 13:10-12 con Malaquías 3:8-10 y Nehemías 13:29 con Malaquías 2:4-8). Escribió tanto acerca de Cristo que alguien dijo: “La profecía del Antiguo Testamento terminó con el evangelio en los labios de Malaquías”.
Época: Durante la construcción del muro de Jerusalém por Nehemías, aproximadamente 450 años a.C.
Tema: En este libro se halla la última página de la profecía del Antiguo testamento. Malaquías, el último de los profetas, testifica tal y como lo hicieran el resto de sus antecesores, que Israel ha fracasado. Presenta el cuadro de un pueblo exteriormente religioso, pero interiormente indiferente y falto de sinceridad. Un pueblo para quien el servicio al Señor ha llegado a ser un formalismo vacío, desempeñado por un sacerdocio corrompido al que no respetaban. Durante el ministerio de Hageo y Zacarías estaban dispuestos a reconocer sus faltas y enmendarlas, pero ahora se han endurecido tanto que ante las acusaciones del Señor lo que ofrecen son insolentes negativas (1:1, 2:17,3:7), peor aún, muchos profesan un escepticismo en cuanto a la existencia de un Dios de juicio, y otros preguntan si vale la pena servir al Señor (2:17, 3:14-15). Como un relámpago brilla en la oscuridad de la noche, así brilla la
promesa del advenimiento de Cristo, el Mesías, quien vendrá a rescatar al remanente fiel y a juzgar a las naciones. El libro termina profetizando la venida de Elías , el precursor del Mesías y luego cae la cortina del silencio del Antiguo Testamento hasta ser levantada cuatrocientos años después, cuando el ángel del Señor anuncia la venida de aquel que iría delante del que había de venir con el espíritu y el poder de Elías (Lucas 1:17). Resumiremos el tema del libro diciendo que es la última profecía del Antiguo Testamento. La revelación de un pueblo rebelde y fracasado; de un remanente fiel y de un Mesías venidero que juzgará y purificará a la nación.