Advertencia contra la insensatez

Cosas muy importantes para la vida se nos dicen en este capítulo. Comienza con una advertencia que todavía para vosotros los jóvenes no suele tener aplicación, a menos que tengáis propiedades (1-5). Se trata de un error que muchos cometen, avalar con sus bienes a otra persona y verse luego envueltos en un problema muy serio por haber dejado en manos de otros las decisiones que le llevan a la ruina. Es bueno que estéis “vacunados” para cuando tengáis vuestra propia autonomía económica.

Una cosa es ser generosos y compartir lo que tenemos y otra muy distinta dejar que nuestro patrimonio lo controle otro. Es peligroso pretender ser “el amigo, o la amiga, que todo lo arregla” y caer en la esclavitud de vivir intentando siempre agradar a los demás. Si preguntáis en casa por este tipo de casos de personas que se hayan visto en serios apuros por avalar a otros, seguro que no son desconocidos. Y, aunque no lo diga el texto, ten cuidado cuando comprometes tu palabra para quedar bien. Saber decir no a tiempo es una gran virtud.

El trabajo y su recompensa

Lo que sigue (6-11) os viene como anillo al dedo. Veremos más referencias en este libro a la figura del perezoso. Esopo en su fábula contrastó la figura de la cigarra y la hormiga. Lo hizo en el sentido de enfatizar la relación entre trabajo y recompensa, así como la lección que tuvo que aprender la que se burlaba del trabajo de otro mientras se lo pasaba muy bien. Aquí los énfasis son algo distintos. Centrándonos en nuestro texto tenemos:

  • La hormiga, el buen trabajador, no necesita un supervisor que esté continuamente dándole órdenes. Está motivado, cumple por su sentido de responsabilidad. Es muy evidente la relación que hay entre el éxito de un alumno y la motivación para lograr las metas.
  • Conoce los tiempos y actúa en función de ellos. Hay momentos en los que no hay excusas para no trabajar duramente. El perezoso ni siquiera lo discierne, y lo triste es que ni siquiera da respuesta; sus únicas razones son su propia pereza.
  • La necesidad termina llegando. Parece que lo han escrito para ti, ¿no? No porque se entienda de partida que cada joven es un perezoso, sino para avisar del muy serio peligro que encierra la pereza. ¿Tu motivación para estudiar o trabajar es la misma que la del burro que va detrás de la zanahoria o sale de ti? Esto va a ser determinante para tu éxito o fracaso. ¿Dejas la preparación del examen o de las tareas que tienes que hacer en casa o en tu trabajo para el último día? Pues, cuidado, porque se recoge lo que se siembra. No es ninguna broma.

Alejarse del insensato

Cuidado si tienes algún amigo o compañero como el que describen los vv. 12-19. Mejor alejarte de él. Se trata de un tipo de personas que siempre están sembrando discordias en el seno de una comunidad de amigos o de compañeros de trabajo o estudio. Se le llama belial, palabra que implica siempre maldad, carencia de valor, destructividad, e incluso llega a citarse como nombre del diablo en otras partes de la Escritura.

El perfil de su personalidad es para echarse a temblar. Es mentiroso, pero no se trata del mero mentiroso fanfarrón que busca atraer la atención sobre sí, o el que miente para salvar el pellejo, sino el que utiliza la mentira como herramienta del mal. No sólo miente con la boca sino que incluso utiliza su expresión corporal para crear un clima de división, haciendo señas, guiñando los ojos, buscando la complicidad. Esta depravación de la expresión es llevada tanto al ámbito cotidiano, con el fin de romper los lazos naturales de los miembros de la comunidad, como a cualquier otro ámbito si eso va de acuerdo con sus propios intereses. Proverbios no inventa nada, hay gente así.

Guardar los sabios consejos

Y otra vez insiste el sabio en la importancia de guardar los preceptos y enseñanzas de los progenitores o adultos que puedan proporcionarte sabios consejos (20-35). No se trata de simples normas de conducta a tener en cuenta. Insiste en guardarlos en el “corazón” para que dicha enseñanza activa, aplicada como corrección y disciplina, se convierta en lámpara y luz en el difícil camino de la vida.

Y vuelve a insistir, ¿cómo no, si se está dirigiendo a jóvenes?, en la importancia de mantener la pureza sexual. Si Proverbios se hubiera escrito en los años sesenta, en lo que se ha llamado la “revolución sexual”, lo que se ha entendido como la liberación de las normas morales tradicionales, hubiera escrito el sabio concretando situaciones para chicos y chicas, aunque los principios están. Aquí se concreta en el caso de que un joven varón pueda caer en las garras de una mujer adúltera. Lo primero que hace el sabio es avisar sobre la fuerza de la tentación, el tremendo atractivo de una mujer que domina el arte de la seducción: halagos o palabras melosas, hermosura, miradas,… El v.26 pudiera tener una traducción alternativa: “Porque si la prostituta busca un trozo de pan, la adúltera amenaza a una vida preciosa”.

El peligro es real

El peligro es tan real que lo remarca con una conclusión: “Nadie puede abrazar el fuego sin quemarse”. El texto va dirigido al joven y no menciona el impacto al cual queda sometido el hogar de la adúltera. Familias rotas, hijos creciendo en hogares partidos, vidas destrozadas que a su vez causan destrozos a otros, situaciones que gran parte de las veces tienen su origen en la infidelidad matrimonial. De esto cada día, desgraciadamente, sabemos más. No hay duda de la excelente sabiduría del Gran Legislador al decir “No adulterarás”.