Los consejos en Proverbios

Si estás pensando que la sabiduría a la que se refiere el libro de Proverbios son los mejores consejos que vienen para ti de parte de Dios, está bien, pero siento decirte que te quedas muy corto.  Podemos tener la tentación de creer que el libro de Proverbios es solamente una colección de sentencias, refranes populares seleccionados y redactados por personas de carne y hueso y pasados por el filtro de la inspiración divina. En parte es eso, pero es  mucho, mucho más.

La sabiduría viene de Dios

Fíjate cómo nos presenta el libro de Proverbios la Sabiduría (ahora con mayúsculas). No hemos parado de considerar los elogios que Proverbios dedica a la sabiduría en relación a lo que supone para el que la posee, y esperamos que lo hayas considerado. Lo que puede sorprendernos es que esa sabiduría puesta al alcance del ser humano, sea cual sea su condición, niños, jóvenes, ancianos, hombres mujeres; la misma que necesitan los reyes, jueces, gobernantes, padres, madres,… es, ¡nada menos!, compañera de Dios mismo desde la eternidad, y ha estado y está presente en todas sus obras.

Dicho de otra manera, para que te sorprendas más, ese consejo que Dios te dirige encarecidamente porque te ama y te avisa de que hay camino de vida y camino de muerte, esa misma sabiduría está muy por encima de un código moral para conducirse acertadamente en la vida, es compañera de Dios, una con Dios.

Sabiduría y obra de Dios

Y sin ella, nada de lo que ha sido hecho fue hecho (22-29). La sabiduría es eterna y, para que no te quede ninguna duda, se describe su existencia “antes de”, haciéndose en el texto una descripción poética de la Creación. Pero no sólo es anterior a todo lo creado, sino que Dios mismo la estimó como imprescindible para hacer su obra. Este es el énfasis que deberíamos recoger en cuanto a la enseñanza del texto: si Dios mismo, el Sabio, contó con la sabiduría para hacer su obra, ¿vas tú a rechazarla? ¿Cuáles serían las consecuencias para tu vida de tal rechazo? ¿Sería coherente tratar de utilizar el mundo creado con principios distintos al de su constitución?

No deberíamos perdernos en especulaciones sobre la identidad de la sabiduría en este capítulo, dejemos ese papel a los teólogos, si tenemos o no en el texto una personificación de la misma en el sentido literario y poético, o si revela una Persona divina.

Cristo es sabiduría

Pero estaríamos ciegos si no viéramos en el Nuevo Testamento alusiones clarísimas a este pasaje. La metáfora de la personificación de la sabiduría nos prepara para entender una realidad eterna: Que el Agente de la Creación de Dios, el Hijo de Dios, es el Verbo, la Sabiduría, la Palabra encarnada como Jesús de Nazaret (Jn.1:1-14; 1Co.1:24,30; He.1:1-4).

¿No has leído que para nosotros, los creyentes, Cristo nos ha sido hecho por Dios sabiduría? (1Cor.1:30). No, la sabiduría que procede de Dios no es un libro de recetas, es Cristo mismo acompañándote, ayudándote a tomar decisiones sabias, a que no te equivoques de camino y a reconducirte si ya te has equivocado. No es el talismán que usan muchos pseudo-cristianos: “Yo ya hice profesión de fe, ya soy salvo”, y luego caminan toda su vida de espaldas al “Sabio”.

Sabiduría y vida

¡Qué delicia! (30-36). Se nos presenta Yahweh y la Sabiduría en una actitud conjunta. La Sabiduría es la delicia de Yahweh y ésta, a su vez, se goza en su presencia, de manera especial cuando forma parte de la vida de los hombres. ¿No te has dado cuenta? Sus delicias son con los hijos de los hombres. Nuevamente vuelve ante ti la figura de Cristo, el deleite de Dios (Mt.3:17), que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, o sea a buscarte y a salvarte a ti (Lc.19:10). No es muy distinto su “venid a Mí” que el “Escuchadme,… oíd,… porque los que me hallan, hallan la vida y alcanzarán favor por parte de Yahweh…”

El apóstol Juan te lo dice de otro modo: El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. (1Jn.5:12)